fbpx

Alteraciones en la alimentación por estrés

¿Es posible sufrir alteraciones en la alimentación por estrés? Es una pregunta que habrás oído miles de veces, y de hecho, es un fenómeno común modificar los hábitos de ingesta de alimentos durante épocas de estrés y ansiedad. Comer compulsivamente sin necesidad de la sensación de hambre o, justo lo contrario, dejar de comer totalmente pueden ser dos manifestaciones de estar atravesando un momento vital con alto nivel de estrés emocional.

Cómo afecta el estrés a la alimentación

Los períodos de estrés y ansiedad alteran nuestra relación con los alimentos y ,desgraciadamente, estos episodios se han visto incrementados como consecuencia de la pandemia mundial y de los cambios que ha introducido en nuestras vidas. Nuevas formas de relacionarnos

socialmente o, incluso durante períodos largos y de formar intermitente, afrontar la ausencia total de los nuestros seres queridos y amigos como método preventivo de una propagación mayor de la enfermedad han acabado haciendo mella en nuestra salud y equilibrio mental.

¿Afecta el estrés a la alimentación?

El estrés y los cambios en nuestra alimentación

Hay evidencias de que el estrés produce cambios en nuestros hábitos de ingesta porque cuando estamos atravesando esos episodios de desgaste acabamos alterando nuestra forma de comer. El estrés nos puede influir de dos maneras en nuestra alimentación :

  • Aumentando la ingesta de alimentos. Se trata de comer más, con más frecuencia e incluso sin llegar a sentir la sensación de hambre. También se anula la sensación de saciedad por lo que el volumen de calorías que incorporamos a nuestro organismo es mayor del que necesitamos. Además nos atraen mayormente alimentos compuestos de carbohidratos que son hipercalóricos por su mayor aportación de azúcares y grasas.
  • Disminuyendo la ingesta de alimentos. Se produce cuando rechazamos la comida. Solo pensar en comer nos pone “mal cuerpo”, y hay una desmotivación general cuando realmente no se percibe el comer como fuente de placer o de necesidad básica para nutrir nuestro organismo.

Cada persona experimenta una u otra de estas dos respuestas con mayor recurrencia. Se dan casos extremos en los que una misma persona puede alternar las dos fases en diferentes etapas. Ambas son negativas e impiden seguir una dieta sana y equilibrada, repercutiendo ese desorden finalmente en la salud física y mental. Se trata de un problema que acaba y empieza en la alimentación y en la mente.

La ayuda profesional: clave para manejar el estrés en la alimentación

La intervención de la psicología para ayudar a las personas que quieren llevar una relación sana con la alimentos cada vez adquiere más importancia. La pedagogía es un elemento clave para trabajar la importancia de la nutrición en nuestro estado general y para aprender a identificar las emociones de estrés y ansiedad que desordenan nuestro patrón de ingesta de alimentos, sin explicación ni beneficio identificado. Por ello es de vital importancia acudir a la consulta de los profesionales de la salud que van a proporcionarnos las pautas y el seguimiento preciso que nos ayuden a tener una relación saludable y placentera con la comida.

cómo el estrés afecta a la alimentación

Recomendaciones para que el estrés no altere nuestros hábitos alimenticios

 Las pautas que podemos seguir para no estropear nuestra forma saludable de comer con estrés y ansiedad son :

  • Identificar el “cuándo”. Es decir, en qué momentos lo hacemos, tanto comer compulsivamente como no comer.
  • Identificar el “cómo”. Se trata de analizar cómo respondemos a esa situación, las emociones que se generan y así trabajar sobre ese modelo de respuesta impulsiva e irracional. Habría que canalizar esa respuesta hacia otro tipo de reacción controlable que sea saludable para nuestro cuerpo y nos ayude a distraer la mente.
  • Identificar el “qué”. Los alimentos que deseamos en esos ataques de estrés y ansiedad y que satisfacen nuestro “hambre emocional” y no el físico. Esto nos va a ser útil para intentar no añadirlos a la cesta de la compra e intentar no tenerlos disponibles cerca de nosotros, siempre y cuando no sean saludables o tengan un alto valor calórico. Aquí los podríamos sustituir por alimentos sanos como frutas, verduras, frutos secos… que sustituyan a los carbohidratos que seguramente teníamos por costumbre ingerir en períodos difíciles.
  • Identificar “con quién”. Lo ideal es buscar fuera apoyo de profesionales de la medicina, psicología y psiquiatría … que nos ayuden a normalizar nuestra relación satisfactoria con los alimentos y nos faciliten herramientas y soporte en los momentos de crisis.

estres afecta a la alimentación

Somos lo que comemos con estrés o sin

El estrés y la ansiedad son reacciones de nuestro organismo para la supervivencia como aquí bien podéis leer. Sin embargo, en nuestra plena conciencia y manejo de nuestras respuestas adaptativas no deberían alterar nuestra fuente de bienestar y salud que es la alimentación.

Ahora que vivimos momentos convulsos tenemos una tarea añadida que es la de trabajar en cómo incorporamos esos cambios constantes en nuestro día a día. El estrés generalizado no puede ni debe alterar nuestra esencia vital que es la de comer bien. “Somos lo que comemos” hemos oído todos, y por eso debemos recordar que lo que comemos es lo que construye la salud integral a todos los niveles:  en la dimensión física, emocional y espiritual”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Abrir chat